03 enero, 2010

Dependencia Digital

Desde hace algo más de un año tengo una computadora propia. Sí, pareciese que tuve una vida que no disfruté desperdiciarla al pasar horas diarias frente a un monitor, pero la verdad es que entre cibers y computadoras ajenas realizaba las pocas actividades informáticas que el momento me dictaba.

Recuerdo claramente en mi adolescencia cuando mi mamá me preguntó que deseaba como regalo al cumplir 15 años, les respondí sin titubeos “una bicicleta”. No tenía una desde que aprendí a pedalear a los 8 y mi atracción por el vehículo ecológico se hacía notar cada vez más. Finalmente me regalaron una Pentium II y mis sueños de emular a Mario Cipollini quedaron detenidos en el tiempo por primera vez. Obviamente mi mamá sabía lo que hacía.

Casi de inmediato aprendí a moverme por los productivos mundos de Word, Paint y Powerpoint mientras realizaba los primeros “rippeos” de mis cd’s sin saber siquiera qué demonios significaba mp3. Sin pensarlo dos veces me dediqué a transcribir e/o imprimir textos que posteriormente me servirían para realizar mi trabajo comunitario de bachillerato al ser encargado de actualizar una base de datos y a matar tigres como vendedor de loterías.

Al graduarme de bachiller, apareció un virus en mi computadora. Destruyó todo lo que pudo del disco duro gracias que me interesaba más conocer el internet en los cibercafés que instalarle un antivirus a mi ya obsoleto equipo. Yo disfrutaba navegar las aguas del excitante mundo del chat, de las postales y el correo electrónico. Era simplemente imposible tener internet en casa, tanto por las limitaciones geográficas como las limitaciones técnicas que poseían las compañías de telecomunicaciones en el país.

Empecé la universidad y seguí con el mismo mecanismo: cibers y pc’s ajenas cuando lo necesitaba o deseaba, parecía que era suficiente para mí y de verdad que sí. Hasta que el ritmo avasallante de la tecnología me atropelló en la universidad. Mi carrera me exigía manejar diversos softwares de simulación, compiladores para distintos lenguajes de programación y disponer de más de un pendrive de 2Gb para almacenar información de manejo diario.

Hágase la laptop.

Después de eso todo el cambio fue gradual, pero automático. La interacción directa con una computadora personal tiene otro sentido cuando viene acompañada del internet. Tanta información a la mano y las numerosas capacidades de comunicación con cualquier persona en cualquier parte del mundo de verdad es invalorable, aunque ya lo vemos cotidiano. Esa es en esencia la magia del internet.

Hace algunos días mi computadora presentó una serie alarmante de bluescreens y paralizaciones varias gracias a la tarjeta de video. Pareciera ser un problema común cuando combinas Windows y HP, aunque hay numerosos casos que dicen lo contrario. Lo cierto es que gracias a ello me detuve seriamente a imaginar un escenario de mi vida si dicha laptop y de verdad a simple vista asusta mucho.

Hoy en día gran parte de la información académica y de las herramientas que utilizo están sembradas digitalmente en mi pc, además del material e ideas que tengo para proyectos de ocio. Y ni hablar de la posibilidad de despegarme notablemente de la web 2.0, es una obligación como mínima semanal para cualquier persona que se considere blogger.

Aunque ya he vivido de cerca casos similares, pero ajenos, sé que solo hay que pasar por un período de negación/aceptación/adaptación para luego caer en los brazos de una computadora nuevamente, sin embargo la simple posibilidad de entrar en dicha situación es indeseable y es por ello que ahora más que nunca tengo que ser precavido y no esperar a que los pantallazos azules y paralizaciones sin sentido hagan de las suyas y originen que mi vida sea un pequeño infierno por un tiempo.

Y pues, tal como dijo mi amigo Leonardo Giménez “Un ingeniero sin laptop es un ser incompleto”…  frase que, basándonos en una sociedad consumista que busca la automatización de todos los procesos posibles para facilitar el ocio y el deterioro ambiental, podría extenderse para cualquier ser humano... no pienso arriesgarme a estar parcialmente en “modo analógico”. No por ahora.

3 Comentarios:

Mila Kassapian dijo...

cierto que como hace la diferencia tener tu propia compu! y aun mas cuando es portátil, ya se hace parte de ti! Increible como podemos llegar a depender de ellas! es agenda, es tu banco de informacion, es todo!
un abrazo
mila

DINOBAT dijo...

Entretenido el blog, estuve un rato paseando...

Andrea Bermúdez M. dijo...

Acabo de responder a tu comentario en mi blog :D

También me gustó el tuyo, btw!