Letargo: estado de somnolencia prolongada causada por ciertas enfermedades.
Torpeza, modorra.
A veces no recordamos bien ciertos períodos de nuestras vidas, solo momentos específicos que ocurrieron en dichos días, meses, años… pero al intentar recordar cuál era nuestra rutina, qué actividades hacíamos con mas frecuencia, con cuáles personas disfrutábamos más compartir o cómo nos sentíamos anímicamente en esos intervalos de tiempo, simplemente no logramos recrear con la claridad y/o abundancia suficiente tales instantes para responder esas preguntas.
Tengo la firme convicción de que tanto los momentos que más atesoramos como los que más detestamos estarán siempre presentes en nuestras mentes porque irán acompañados de los sentimientos y sensaciones que experimentamos al vivirlos. El peso emocional que poseen hace que simplemente se queden con nosotros por el resto de nuestras vidas, ya sea como algo vivo que nos conmueve de vez en cuando o como un simple recuerdo que jamás lograremos borrar.
El resto de los momentos vividos, aquellos que no provocaron el suficiente impacto emocional en nosotros, están guardados en un archivero que no posee un orden específico y al cual no es tan fácil de acceder porque nosotros mismos lo hemos abandonado. Sin embargo están allí, en algún lugar, esperando que otra experiencia parecida, una pregunta de una persona o una actividad relacionada, nos obligue a buscar en nuestra mente dicho recuerdo para desempolvarlo y observarlo detenidamente una vez más.
Muchos de esos recuerdos desaparecen porque ocurren en momentos de nuestras vidas en los cuales las rutinas que tenemos son tan monótonas que las actividades, personas, lugares y sensaciones se repiten una y otra vez, y suele dormirse en nosotros la capacidad de sorprenderse, de emocionarse, de exaltarse, avergonzarse, deprimirse… de vivir aún más. Solo esos pequeños y escasos momentos que logran sacarnos de nuestra monotonía tendrán la oportunidad de generar en nosotros las emociones que tenemos olvidadas y así ganarse un lugar en nuestra memoria.
Es difícil despertar y reconocer que estamos dentro de una rutina altamente repetitiva, que estamos encerrados en una burbuja en la cual confundimos conformismo con comodidad, en la que decidimos atarnos a las mismas agendas, los mismos lugares, las mismas personas, las mismas actividades y hasta los mismos pensamientos. Damos por casi muertas las ganas de aprender algo realmente nuevo, de querer experimentar nuevas cosas solo por temor a cambiar nuestros paradigmas, de intentar salir de la rutina solo porque nos sentimos bien en nuestro lugar actual, en nuestro mundo, en nuestras realidades… no queremos romper el ciclo.
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