Terminada la última edición del torneo de selecciones más antiguo del mundo, hago un balance muy personal sobre dicha competición. Un poco cargado de nacionalismo y orgullo venezolano pero ante todo buscando la objetividad e imparcialidad en los análisis realizados.
Éste torneo fue más esperado y publicitado que el anterior ya que todas las selecciones participantes (Al menos las de CONMEBOL) llegaban con lo mejor que podían ofrecer y partían en búsqueda no solamente de la Copa, sino también de engranar sus escuadras y lograr perfeccionar sus respectivos funcionamientos en miras a las próximas eliminatorias mundialistas. A pesar de que se realizó en uno de los países con más cultura futbolística del continente, la asistencia a los estadios no fue la que se esperaba y la planificación tuvo varios altibajos.
Hay muchísima tela que cortar acá, sin embargo voy a tocar algunos puntos que me llamaron la atención a mí y a los venezolanos principalmente:
Cesar Farías
Más deseada su salida que su permanencia, así llegaba a la copa el director técnico que más ataques ha soportado en la historia de la selección vinotinto. Si bien lograr la primera clasificación de un equipo venezolano a un mundial de fútbol y el puntaje más alto en un proceso de eliminatorias premundialista no eran suficientes para complacer una joven, soñadora y bastante exigente afición venezolana, los amistosos previos a la Copa América habían colocado a Farías en una posición más desventajosa aún.
Amistosos ante rivales de nivel variado donde el funcionamiento defensivo no daba frutos (los centrales nunca se afianzaron) y la filosofía del “pase largo efectivo” carecía precisamente de efectividad, hicieron desconfiar a más de uno en el seleccionador nacional y la fé del venezolano en el equipo era más amor propio a la camiseta que confianza en el grupo.
Cesar Farías nunca bajó los brazos y siguió con su trabajo de imprimir su filosofía de orden táctico defensivo, salida rápida buscando a los delanteros y jugadas a pelota parada; fútbol resultista. Lo vimos una y otra vez en cada partido que dirigió, pero incluso pocos lograron apreciarlo durante la copa ya que los marcadores nos fueron favorables. Como ya sabemos, cuando se gana ganamos todos.
Nunca hemos visto una selección nacional con tanta sobriedad, entereza y calma para jugar los partidos; con una preparación física envidiable diseñada realmente para disputar seis partidos y con una disciplina táctica bastante apegada a la filosofía que se quería imprimir. El equipo encontró en la copa el funcionamiento que Farías quería lograr desde hace rato, con cada partido Venezuela fue creciendo futbolísticamente y el grupo se hacía cada vez más sólido.
No quiero decir solamente que Farías le cerró la boca a muchos, sino también que le abrió los ojos a algunos que creían que los partidos no se ganan defendiendo más que atacando y que en el fútbol los procesos largos y continuos tienen más probabilidad de dar frutos que los cortos y desesperados. Después del partido contra Paraguay Farías no hablaba sólo por él, ni por la selección… sino por todos los venezolanos que siguieron día a día a la vinotinto durante el torneo. Se ganó el respeto de la mayoría quizás de la forma más difícil pero palpable, logrando resultados extraordinarios para los ojos de quienes desconocen ciertas cosas del fútbol.
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| Farías "toreó" con el tricolor a varios desde Argentina |
Espero que esa fé en el seleccionador nacional se mantenga al igual que el amor a la camiseta nacional. Porque éste equipo no se manejó solo, no fue como esa Francia del 2006 donde supuestamente Zidane dirigía desde el campo dejando a Domenech de lado. Esta selección posee un grupo bastante unido con una identidad que cada día se afianza más a pesar de los resultados y Farías es el principal artífice de ello.
David Faitelson
El periodista mexicano tiene una responsabilidad (o papel) único en la cadena latinoamericana de ESPN, la cual es crear polémica deportiva sobre cualquier disciplina. Polémica innecesaria o no, verdadera o falsa, exagerada o blanda… polémica al fin, la que gusta y vende neguémoslo o no. Las opiniones de Faitelson son arriesgadas, pero no dejan de ser válidas. Opiniones que solamente escuchamos en la calle de cualquier aficionado que dice sentir una camiseta y defender unos colores mientras canta y levanta sus brazos al cielo, pero que nos parecen desmedidas y ofensivas porque no las “debe” decir un periodista.
Faitelson asume ese riesgo y coloca en juego su reputación. Ataca a las selecciones deportivas mas no a los habitantes de dicho país, ataca a las actitudes de los deportistas más no a los deportistas en sí. Es un periodista visceral, confrontador, nacionalista, que habla siguiendo más sus corazonadas que sus análisis y que por más que lo queramos, no cerrará la boca. Faitelson conoce y maneja esa delgada línea entre la polémica y el insulto, lo cual es bastante difícil para el aficionado, por lo que es casi obvio que los más apasionados se levanten contra él cada vez que abre la boca y opina sobre algún deportista o selección deportiva.
Con la selección de Venezuela fue bastante claro, basándose en la historia cuestionó si nuestra selección era merecedora de levantar la copa por simplemente no haber asistido antes a un mundial de mayores. Con lo cual desnudó algunas verdades de nuestra afición: muchos se creían campeones antes de jugar la semifinal y aún falta humildad para asimilar los éxitos que estamos cosechando.
Sus opiniones hacia la CONMEBOL parten de viejo paradigma de que los grandes son grandes y de que la camiseta pesa, paradigma que nutre económicamente al fútbol, pues un Uruguay-Paraguay no es igual a un Brasil-Argentina. Desde esa visión Faitelson comparó a la Copa América con la Copa de Oro y concluyó que no hay muchas diferencias entre ambos torneos ya que en su opinión el torneo sudamericano había decepcionado en cuanto a nivel futbolístico.
Acá hago un pausa y me pregunto ¿Para ganar un torneo hay que tener un historial previo lleno de triunfos? ¿El nivel futbolístico exhibido en la Copa América fue menor al de la Copa de Oro? ¿La calidad de un torneo se mide por la cantidad de grandes que llegan a instancias definitivas? No, no y no. Sin embargo la gran mayoría de los venezolanos juzgaron los cuestionamientos de Faitelson como inútiles y faltos de lógica, cuando de verdad son valederos y poseen bastante sentido.
Poseen sentido desde el punto de vista conservador, el que exige día a día un fútbol champagne en las canchas, que espera que las grandes selecciones sean siempre grandes y el resto solamente “agradables sorpresas”. Ese mismo que muchos cegados en su nacionalismo no identifican dentro de sí pero que demuestran cuando no les apetece ver una final Porto-Mónaco en la UEFA Champions League ni ver un partido de la liga de fútbol venezolana porque “carece de nivel”.
La creciente y aún adolescente afición nacional fue presa fácil de provocaciones como éstas y no es extraño que se haya reaccionado con insultos directos a los habitantes de Chile y México; Paraguay y Perú fueron más respetados porque sus respectivas prensas deportivas no hicieron declaraciones parecidas, pero todos sabemos que ganas sobraban de responderles. Incluso las provocaciones surgían con más fuerza desde acá que desde afuera, como sucedió con la publicidad de Entel que fue usada en Chile para un pasado partido de eliminatorias y no para ésta Copa América, como varias fuentes venezolanas utilizaron para calentar el partido.
Fútbol Defensivo
Toda la vida el aficionado ha admirado y apreciado el fútbol champagne, el jogo bonito, el fútbol total y más recientemente, el tiqui-taca. Dejando a un lado a las filosofías defensivas como por ejemplo el cattenacio. La grada disfruta 100 veces más un regate a una barrida limpia, un cambio de frente a un despeje oportuno, una pared a una recuperación defensiva, un pase gol a una atajada. De igual forma la prensa alaba dichas ideologías ofensivas y cuestiona a los ganadores con el verbo “merecer”.
En el fútbol no se merece ganar o perder, se gana o pierde. El fútbol es un deporte de errores donde no gana quien menos los cometa, sino quien más los aproveche y los transforme en goles. Tener la pelota no te garantiza ganar un partido, pero sí hace cantar “oles” a la grada. Tiene igual mérito aquel que juega a ganar al que juega a no perder. Sin importar de qué manera juegan al fútbol, los ganadores siempre serán ganadores.
Pero el fútbol desde hace rato pasó de ser un juego a deporte organizado, luego a espectáculo, y ahora es un negocio. Un partido ofensivo y abierto es obviamente más vistoso que uno tácticamente defensivo y cauteloso. Por lo que no es de extrañarse que todos quieran tratar bien el balón para atraer gente a los estadios, publicidad en sus camisetas y derechos televisivos entre otras cosas. Sin embargo aún siguen siendo quienes ganan los trofeos los que gozan de éstos privilegios.
Porteros siempre concentrados, orden defensivo en bloque, recuperación de balón en la media cancha, presión a la salida del equipo rival y efectividad de los delanteros, son atributos que el fútbol actual posee y que todos los grandes equipos, vistosos o no, tienen. Pero el aficionado aún no logra apreciarlo; e incluso algunos técnicos, futbolistas y la prensa, muy posiblemente por las razones económicas previamente mencionadas. Ese fútbol fue el que vimos en ésta Copa América. Donde Paraguay, Uruguay, Perú y Venezuela escribieron su nombre en las semifinales dejando afuera a selecciones más vistosas y de mayor renombre como Brasil, Argentina, Colombia y Chile.
Al perder contra Paraguay pocos en Venezuela aceptaban la derrota, al mismo tiempo que olvidaban el partido contra Chile donde la vinotinto estuvo del lado victorioso, pero ambos partidos fueron bastante similares. Un equipo que fue más ofensivo y buscó más el arco que el otro, pero la pelota entró cuando la patearon bien y nadie pudo detenerla. Pero sintetizando un poco lo dijeron en sus momentos Borghi y Markarián, el trabajo bien realizado y sacar provecho de lo que se tiene da sus frutos.
Uruguay e Italia han ganado muchos campeonatos jugando sin cambiar mucho en toda su historia, y los antecedentes más recientes que tenemos son la Grecia de la Eurocopa en el 2000, el Liverpool de Rafa Benítez del 2005 y el Internazionale de Mourinho el 2009. Equipos que basados en la marca y el sacrificio de sus jugadores por encima de la posesión y el ataque constante lograron ganar campeonatos y de igual manera fueron escuadras donde la unidad y la fortaleza mental respondieron cuando las situaciones fueron adversas.
Ese fútbol siempre estuvo allí, está y no dejará de existir. Ya es hora de que aprendamos a apreciarlo y ver lo igual de decisivo que es una atajada, una barrida limpia, un corte a tiempo, una recuperación por presión a la salida y la efectividad a jugadas de balón parado. Jugar a ganar tiene mérito, pero jugar a no perder tampoco deja de tenerlo.
La Vinotinto
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| Perozo conmemorando lo que ahora es otra noche más de gloria para el fútbol venezolano |
Nuestra selección llegó a Argentina ya sin la etiqueta de cenicienta. El trabajo realizado por Pastoriza, Páez y Farías ha dado resultados que le quitaron ese mote a Venezuela. Sin embargo no era favorita de pasar de ronda ni siquiera como mejor tercera ante los ojos de la prensa internacional.
La vinotinto mostró mucha disciplina táctica y buen funcionamiento defensivo ante Brasil en el debut. Algunos pasajes del partido muestran una verdeamarelha desesperada por salir jugando de su campo mientras los Rincón, Arango, Rosales, Cíchero y los Vizcarrondo afixiaban en todas las áreas del terreno. Sublime.
Ante Ecuador el equipo mostró que sabía moverse con la pelota y buscar el arco de manera efectiva, lo mejor que mostró Venezuela en ese juego fue la calma durante todo el partido para buscar el gol en la portería rival. No arriesgar demasiado y quedar desordenados en defensa fue la clave del equipo que posteriormente consiguió la segunda clasificación a cuartos de final consecutiva en ésta competencia.
Paraguay mostró ante Venezuela que jugando a la defensiva también se gana, pero la vinotinto sacó a relucir la casta y el amor a la camiseta que hasta ahora no habíamos apreciado en tantas proporciones dentro de un mismo partido. Ese empate agónico con sabor a victoria fue el detonante para que todo el país creyese en la selección y dejase atrás de una vez todas las camisetas ajena a la nuestra. El gol de Perozo originó ver por primera vez las calles llenas de franelas vinotinto, los parabrisas de los carros escritos con mensajes de apoyo, las redes sociales explotando con publicaciones alusivas a la selección, las conversaciones en la calle en torno a un mismo tema, la alegría y la ilusión en los rostros de todos.
Contra Chile se probó la gloria en nuestro humilde y corto historial de éxitos, un partido que previamente se veía favorable a los australes, que nos superaban técnicamente, con un juego más rápido, más ofensivo y con más nombres en su equipo. Pero que me atrevo a decir no poseían más ilusión que nosotros, que Venezuela ya había ganado mentalmente ese partido antes de jugarlo y que una vez jugado nos mostró la posibilidad latente y factible de levantar la Copa.
Llega la semifinal y Venezuela mostró que había corregido las jugadas de balón parado ante Paraguay, que el equipo estaba físicamente preparado para seis partidos, que era más sólido que cada partido anterior y sí, queríamos ser campeones, porque teníamos la fortaleza mental, la forma física, las ganas y la ilusión de lograrlo. No nos acompañó la suerte… así de simple. Más allá del siempre arbitraje imperfecto que yo me acostumbré a tolerar y ya no cuestiono, el balón no quiso entrar y los penales son más lotería que mérito individual.
Perú era el rival que se presentaba accesible para ganar el tercer lugar, pero el fútbol una vez más mostró que no hay rival fácil. El fútbol defensivo que jugó Venezuela también lo jugó Perú y ésta vez los incas aprovecharon sus oportunidades y merecidamente se llevaron el tercer puesto de la Copa América.
Venezuela ganó mucho en ésta Copa América, ganó la simpatía de la afición al grupo de jugadores y al cuerpo técnico, ganó nuevos aficionados a nuestra camiseta vinotinto, la única, la auténtica, encontró la identidad futbolística que se quería imprimir hace rato, ganó respeto ante los rivales y esperemos que ante las autoridades de la CONMEBOL también, ganó un envión anímico que debemos saber administrar para lograr los objetivos venideros y más importante aún, demostrar al país que a pesar de las críticas y adversidades, con trabajo duro, constante y la confianza en sí mismo, se logran resultados que muchas veces no imaginamos alcanzar.
¡Seguid el ejemplo que la Vinotinto dió!
Acá un post relacionado desde un punto de vista más apasionado hacia la vinotinto. Ecos de las voces de los tantos nuevos fanáticos que la selección ha ganado después de la Copa América Argentina 2011:



1 Comentarios:
Bien redactado...
Majestuosa Vinotinto...
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